Una vida de aventuras que me ha llevado hasta las montañas nicaragüenses (parte 2).

‘Sin esfuerzos de imaginación, o sueños, perdemos la emoción de las posibilidades. Soñar, después de todo, es una forma de planear’.

Gloria Steinem. Medalla Presidencial de la Libertad 2013.

Como mencioné en el post anterior, a lo largo de todos estos años, países y viajes he ido desarrollando una obsesión compulsiva por recorrer el mundo, al mismo tiempo que mi interés y preocupación por los problemas medioambientales y globales como el cambio climático y la pobreza e injusticia social han ido incrementando proporcionalmente. Por estas dos razones, a finales de 2015 dejé mi trabajo, mi casa, vendí mi coche, mis guitarras y hasta parte de mi ropa para embarcarme en la mayor aventura de toda mi vida; viajar por el mundo indefinidamente y colaborar con ONG’s en proyectos de desarrollo sostenible como voluntaria a lo largo de mi camino.

Este viaje comenzó en Enero de 2016 en el lugar que siempre había soñado, África. Pasé cerca de unos cuatro meses en Tanzania trabajando para una ONG inglesa de desarrollo sostenible, Raleigh International. Mi trabajo consistía en liderar un proyecto en el área de WASH (Water Hygiene and Sanitation) gestionando un equipo de unos diez voluntarios, mitad ingleses y mitad tanzanos, en el poblado de Ng’wandakw en la región de Manyara al norte del país. Realizamos investigaciones en WASH y cambio climático. Construimos dos bloques de aseos y duchas en la escuela, uno para los niños y otro para las niñas, y ‘lavamanos’ en casas por todo el poblado. Trabajamos en las escuelas e instituto y con tres grupos focales (mujeres, jóvenes y grupo medioambiental) en materias medioambientales: higiene y saneamiento, gestión de residuos, agricultura sostenible, reforestación, Cambio Climático y los Objetivos Globales de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible. Llevamos a cabo una campaña de sensibilización en dichos temas organizando todo tipo de eventos en la zona. También colaboramos con una ONG de niños albinos. Como ejes transversales siempre, el cambio climático y la igualdad de género.

El swahili, la enorme diferencia cultural, la falta de recursos técnicos, siendo responsable 24/7 de diez personas, viviendo con familias locales en condiciones muy básicas y experimentando por primera vez en mi vida la falta de electricidad, en ocasiones de agua o incluso de una dieta equilibrada, por mencionar algunos. Los retos no fueron pocos. No obstante, por muy complicado que se presentara el día, no había absolutamente nada que pudiera borrar la sonrisa dibujada en mi rostro mientras me deleitaba con los colores del atardecer a lo largo de mi camino de vuelta a casa, por fin estaba viviendo El sueño de África. Trabajé con la mayor dedicación con la que he trabajado jamás y disfruté de cada segundo como si fuera el último. Los paisajes africanos, sus gentes, los niños, las tribus, las costumbres, la música, los bailes, la historia, y todo alrededor de una pobreza abrumadora que de una forma u otra termina cautivando el alma.

Y el proyecto llegó a su fin. A estas alturas de mi historia debería estar acostumbrada a dejar lugares atrás, sin embargo, decir adiós al poblado de Ng’wandakw no era un adiós más. En la despedida que celebramos en la escuela primaria, después de que los niños nos cantaran con sus voces angelicales y penetrantes algunas canciones típicas de Tanzania, me tocaba dar el discurso, tan sólo pude pronunciar unas cuatro palabras y, ante la atónita mirada de mi equipo y de todos los profesores, rompí a llorar frente a unos 1200 niños que me decían: ‘Carolina don’t cry, Carolina don’t cry’. Ellos y la gente del poblado habían sido mi principal motivación e inspiración cada día. África me llenó de una forma que mis palabras no alcanzan a describir con acierto, sólo sé que pienso volver, sé que volveré algún día. La experiencia fue tan excepcional que antes de marchar les dejé clara mi disponibilidad de volver a trabajar como voluntaria para la ONG en un futuro cercano.

Después de esta extraordinaria e intensa experiencia era hora de unas merecidas vacaciones. De vuelta a Heathrow ya tenía un vuelo con destino Bangkok esperándome para despegar. Durante unos cuatro meses viajé por el sudeste asiático, conocí multitud de gente maravillosa y viví una y mil aventuras que jamás olvidaré. Desde Bangkok hacia el norte del país, pasando por un lugar que bien merece mención especial, Pai. Quien quiera que este leyendo este post y haya estado allí lo entenderá. Pai es una pequeña ciudad bohemia en las montañas tailandesas que tiene un encanto singular, y sin darte cuenta simplemente te enamora y te atrapa. Cuando conseguí marchar, después de un par de semanas fantásticas, seguí mi camino hacia el norte del país hasta llegar a orillas del Rio Mekong, uno de los ríos más largos de Asia. Durante dos días viajé en un barco lleno de mochileros, y algunos locales, hasta llegar a la ciudad de Luang Prabang. Transcurridas dos semanas descubriendo Laos, tomé un vuelo con destino Hanoi, por fin tocaba Vietnam. Viví un mes inolvidable explorando el país por carretera; desde los impresionantes campos de arroz en las montañas de Sapa, acompañada por las mujeres Hmong de vestimenta y costumbres tradicionales, atravesando el famoso Hải Vân Pass en moto, hasta la cosmopolita ciudad de Saigon, renombrada ciudad de Ho Chi Min en 1975 en honor al líder del grupo guerrillero Viet Nimh que ganó la guerra del Vietnam y que posteriormente se convertiría en presidente de la república. Desde allí continué mi viaje por tierra hacia Cambodia donde disfruté de unos días entre islas hippies y templos centenarios y seguidamente volví a Tailandia, esta vez al sur, para relajarme en sus impresionantes playas de aguas turquesas. Tras una semana entre islas y barcos, tomé un vuelo en el aeropuerto de Krabi hacia Kuala Lumpur, la famosa capital de Malasia, la ciudad de las mil una culturas donde a veces no sabes si estas en la India, China o Australia. Recorrí el país por carretera desde la provincia de Penang al norte, con parada obligatoria en George Town, hasta llegar a la frontera con Singapur. Pasé un par de días en la ciudad más cara del mundo y de nuevo volví a los cielos, esta vez, destino Jakarta. Indonesia es un paraíso lleno de paraísos, con excepción de Jakarta claro, viajé a lo largo del país por tren, carretera y barco desde la capital hasta las islas Gili en Lombok, pasando por el espectacular volcán Mount Bromo y perdiéndome en las paradisíacas playas y rincones de Bali.

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Terrazas de arroz, Sapa, Vietnam.

Mi plan b era continuar mi ruta hacia Filipinas, sin embargo, un día, recién llegada a la ciudad de Yogyakarta, recibí la noticia que tanto esperaba, una oferta de la ONG con la que trabajé en África para liderar un proyecto similar en Nicaragua. Un par de semanas después despegaba del Aeropuerto Internacional de Bali con mi cabeza en el centro del continente americano, pero eso sí, esta vez primero rápidas escalas en Almería, Madrid, Londres y Norwich para recibir sobredosis de amor de familia y amigos y recargar energías para mi próxima aventura.

A finales de Agosto llegué a León, una preciosa ciudad colonial cargada de historia donde se inició la revolución popular sandinista que acabó con la dictadura de la famila Somoza en 1979. Nicaragua y sus gentes son tal y como imaginé: paisajes llenos de colorido, palmeras y pasión latina, con sonido a ‘reguetón’ y un cierto caos urbano. Empezamos a preparar el proyecto y unas semanas después, con mi equipo ya formado por voluntarios ingleses y latinos, nos vinimos al lugar desde el que escribo este post, la comunidad de San Pedro en las impresionantes y verdes montañas nicaragüenses del Departamento de Muy Muy.

El proyecto es en el mismo área, WASH (Water Hygiene & Sanitation), pero esta vez el contenido es ligeramente distinto. Trabajamos con un grupo de emprendedores en TSM (Tecnologías de Saneamiento Mejoradas) capacitándoles y facilitándoles los recursos para crear su propio negocio y ayudar así a mejorar la infraestructura de saneamiento en la Comunidad. Hemos ayudado a la Comunidad a crear el CAPS (Comité de Agua Potable y Saneamiento) y les estamos formando para que puedan mejorar la infraestructura de abastecimiento de agua y de este modo conseguir una fuente de agua fiable y potable para los habitantes de San Pedro. También trabajamos con la Comunidad en obras de conservación de suelo y agua. Estamos formando a profesores y voluntarios de la comunidad para promover higiene y salud en los hogares y las escuelas. Llevamos a cabo una campaña de sensibilización en materias medioambientales; gestión de residuos, cambio climático y reforestación. Como ejes transversales siempre, el cambio climático y la igualdad de género.

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Inspeccionando el sistema de abastecimiento de agua con el CAPS.

Distinto país y cultura, la misma ilusión por aportar mi granito de arena. El día a día sigue lleno de retos aunque esta vez la experiencia y el hecho de dominar los dos idiomas simplifican bastante las cosas.

A mitad de Diciembre terminaré el proyecto y continuaré mi viaje por las Américas. No tengo itinerario, prefiero dejar que mi instinto y el destino me vayan guiando; tampoco sé cuándo acabará esta aventura, este año en casa no me esperan por Navidad; ni tengo la más remota idea de a que rincón del mundo me llevará mi próximo trabajo. De lo único que tengo certeza es que no hay satisfacción mayor que la de llevar a cabo tus planes y sueños, la vida bien merece la pena ser vivida así.

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