Permacultura en La Choza Chula y Como un Huerto puede Salvar el Mundo.

 “Las soluciones a la crisis económica y a la búsqueda de medios de subsistencia son también las soluciones a la crisis del clima y también las soluciones a la pobreza y al desempleo. Inicia una revolución, cultiva un huerto. La agricultura y la alimentación son un área donde todos podemos comenzar hoy. Es por eso que un jardín es tan importante, nos enseña que hay algo que todos somos capaces de hacer. Sólo con algo tan pequeño que puede estar al alcance de todos podemos desafiar al imperio”.

Dra. Vandana Shiva, Científica, Autora y Activista Medioambiental.

El cambio climático ya está afectando la producción de alimentos en tierra y mar de manera considerable. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones, los cada vez más frecuentes desastres naturales, la escasez de agua y la degradación de la tierra, entre otros factores, están reduciendo y destruyendo cosechas, produciendo pérdidas de ganado, y elevando los precios amenazando la seguridad alimentaria en todo el mundo. En las naciones pobres, del 75 al 90% de la población son agricultores, sus economías dependen en gran medida de las prácticas agrícolas y la pesca, su falta de recursos hace muy difícil adaptarse a estos cambios lo cual tiene consecuencias dramáticas no sólo en el bienestar de la población sino también en el desarrollo económico de los países. En 2014, la ONU publicó un informe en que se explica que el calentamiento global está alimentando no sólo los desastres naturales, sino también el hambre y las guerras debido al recorte en el suministro mundial de alimentos. Con un incremento medio de población estimado en 80 millones anuales y proyecciones de alcanzar los 9.6 mil millones de habitantes en 2050, el mundo empieza a sonar las alarmas a medida que nos adentramos en una Crisis Global Agrícola. Como dijo Obama recientemente en la Cumbre Mundial sobre la Innovación de los Alimentos y las Semillas que se celebró el pasado mes de mayo en Milán, la industria alimentaria no ha sido el centro de las discusiones sobre el cambio climático tanto como debería haberlo sido.

Pero la agricultura industrial no sólo está siendo afectada por el cambio climático, sino que la agricultura y la ganadería industrial también están contribuyendo en gran medida al cambio climático. Tanto es así, que la industria agrícola ha sido clasificada por los expertos como una de las industrias más contaminantes a nivel global, todavía se mantiene un debate si es la segunda o incluso la primera por delante de la producción de energía.

En cuanto a la industria ganadera- como se discutió en un post anterior ‘Propósito para el año nuevo? Actúa por el clima’– los principales problemas son las elevadas cantidades de gases de efecto invernadero emitidas, de agua utilizada, de antibióticos y forraje alimentado al ganado, de ocupación del suelo y de deforestación causada. Sin embargo, la creciente preocupación por la ganadería intensiva no solo está relacionada con la protección de los animales y del medio ambiente. Hace un par de semanas, 270 científicos y expertos en políticas de salud mundial, medicina, biología, políticas e investigación climática firmaron una carta que fue enviada al director de la OMS, Organización Mundial de la Salud, para pedirle que reconozca que la ganadería intensiva plantea una gran amenaza no sólo a la vida silvestre y al medio ambiente, sino también a la salud humana, argumentando que prácticas como el uso indiscriminado de antibióticos, el estrecho confinamiento de animales y una producción insostenible a gran escala se han convertido en el estándar de la industria y todas tienen graves consecuencias para la salud humana. El texto completo se puede leer aquí https://openletteranimalfarming.com/.

En cuanto a la agricultura intensiva, las principales preocupaciones son las emisiones de GEI provenientes del suelo y el uso de agroquímicos, la degradación de la tierra, la erosión y sedimentación del suelo, la contaminación, el taponamiento de las vías fluviales y la pérdida de biodiversidad debido a los monocultivos. Además, el uso de estos productos agroquímicos, pesticidas y fertilizantes, está relacionado con problemas de salud tales como neurotoxicidad aguda y crónica, daño pulmonar, quemaduras químicas, metahemoglobinemia infantil, variedad de cánceres, anomalías inmunológicas y efectos adversos de reproducción y desarrollo. Según el Centro Nacional de Información Biotecnológica de los Estados Unidos, actualmente se utilizan aproximadamente 600 ingredientes activos de plaguicidas, pero sólo se dispone de datos toxicológicos adecuados para unos 100 de estos.

Por otro lado estan las grandes corporaciones de la industria que a base de modificar semillas genéticamente y pulverizar su ‘mono-cultura’ de glifosatos allá donde van, han tomado el control del suministro de alimentos mundial imponiendo sus reglas en los mercados locales endeudando así a los pequeños agricultores de todo el mundo. Este tipo de monopolio se está demostrando tanto insostenible como altamente perjudicial para el medio ambiente.

En medio de toda esta controversia en la industria agrícola global, la permacultura está ganando más adeptos y algunos incluso afirman que la permacultura es la solución que necesitamos para salvar al mundo. Sin embargo, ¿qué significa permacultura?

La filosofía de la permacultura fue desarrollada en Australia por los científicos Bill Morrison y David Holmgren a finales de los años 70. La Permacultura – término que significa ‘agricultura permanente‘ – va más allá de la agricultura orgánica, se trata de diseño implicando la ecología y la geografía del lugar y donde las personas cooperan entre sí y trabajan con la naturaleza no contra ella. Se refiere a sistemas de uso de la tierra que utilizan los recursos de manera sostenible, observando y simulando los patrones de la naturaleza para lograr diversidad, estabilidad y resiliencia, e incluso es capaz de recuperar las tierras más degradadas, pudiendo incluso convertir un desierto en un oasis de nuevo. La permacultura no es sólo una técnica agrícola revolucionaria, es una forma de pensar y de vivir donde la ética fundamental es cuidar de la Tierra, de las personas y asegurar una participación justa repartiendo excedentes y reconociendo límites al crecimiento y al consumo. Algunos de sus principios rectores incluyen no crear residuos, maximizar los recursos biológicos, fomentar la biodiversidad, cooperar no competir, ver soluciones no problemas y devolver la producción de alimentos a las ciudades. El objetivo de la permacultura es la sostenibilidad a través de la autosuficiencia y el diseño.

El proyecto Chikukwa en Zimbabwe es el proyecto de permacultura más exitoso en el mundo, beneficia a 6 aldeas e involucra cerca de 8000 agricultores locales. A principios de los años 90 colinas desnudas, suelo fuertemente degradado, primavera seca, inundaciones, malas cosechas, hambre, desnutrición y enfermedades fueron la realidad de la zona hasta que el proyecto se inició en 1991. Más de 20 años después, a través de programas de capacitación localmente iniciados y controlados en  permacultura, resolución de conflictos, empoderamiento de la mujer, educación primaria y manejo del VIH, se han convertido en una comunidad sana y fuerte donde la comida es abundante y el paisaje un vasto campo verde.

Los beneficios de un huerto de permacultura a nivel escolar no son menos significativos. Durante el último año y medio he estado viviendo y viajando en países en desarrollo y colaborando como voluntaria en comunidades desfavorecidas en zonas rurales. Como describí en un post anterior, he sido testigo de cómo el cambio climático está afectando a los agricultores locales y las comunidades, además he estado trabajando e investigando en nutrición y agricultura sostenible. Una de las principales conclusiones de nuestra encuesta base en Tanzania fue que el 71% de la población local pensaba que las frutas y hortalizas no tienen ningún beneficio para la salud humana, aunque la parte más impactante para mí, ya sea en África o Latinoamérica, fue que era más fácil encontrar productos industriales envasados como galletas de chocolate, patatas fritas o coca-cola que frutas o verduras. Esta situación tiene dos consecuencias terribles, por un lado la desnutrición de los niños y la población en general, y por el otro la contaminación ambiental debida a la enorme cantidad de envases y botellas de plástico, en lugares donde los sistemas de gestión de residuos se reducen a ‘quemar o enterrar’, y demasiado a menudo los residuos simplemente acaban acumulados en todas partes.

El pasado mes de abril me dirigí a Guatemala para ayudar como voluntaria en la ONG de una amiga, La Choza Chula. La Choza Chula es una pequeña organización benéfica ubicada en El Paredón, un desconocido paraíso de surferos en la costa del Pacífico, donde pasé unas semanas entre huertos, palmeras, manglares, una playa de arena negra, tablas de surf, olas del pacífico, y algunas de las puestas de sol más increíbles que he visto hasta la fecha. La Choza Chula se centra en el desarrollo de este pueblo a través de proyectos educativos, empresariales y medioambientales y actualmente es dirigido por un equipo dedicado y entusiasta; Sonal, Alex y Ben los directores junto a Maggie responsable de educación, David el profesor de Inglés y Luna en prácticas. En muy poco tiempo, La Choza ha logrado cosas extraordinarias para esta Comunidad como la construcción de la biblioteca de El Paredón, la construcción de la escuela secundaria, el laboratorio de ordenadores, la construcción del jardín de permacultura y la próxima biblioteca en la escuela secundaria. Además, La Choza Chula crea oportunidades de trabajo para los habitantes vendiendo y promocionando productos confeccionados por mujeres locales, Chula Products ( http://www.lachozachula.org/shop/ ), y actividades turísticas Chula Tours, y enseñando inglés a sus habitantes para que la comunidad pueda beneficiarse del creciente turismo de surf en la zona.

Mi papel en La Choza fue gestionar un proyecto que consistía en ayudar a la escuela secundaria a construir un huerto de permacultura desde cero. Un proyecto financiado por dos encantadoras mujeres de California, Justine y Lynee, que no sólo consiguieron recaudar fondos para financiar todo el proyecto sino que también vinieron durante una semana para ayudar como voluntarias en la construcción de este ellas mismas. Como mencioné anteriormente yo ya tenía experiencia en nutrición y agricultura orgánica gracias a proyectos previos en Tanzania y Nicaragua, pero esta fue mi primera vez colaborando en un proyecto sobre permacultura y le di la bienvenida a la oportunidad de aprender sobre el tema. Me reuní con Alan, un experto local con muchos años de experiencia en permacultura que me dio valiosos consejos y orientación y comencé a investigar por mí misma. El proyecto fue, y actualmente es, supervisado por Luis el director de la escuela secundaria con quien tuve el placer de trabajar muy de cerca, un hombre sabio e inspirador que ha logrado establecer la relación ideal con sus alumnos, el equilibrio perfecto entre un padre y un maestro- tristemente encontrar algo así no es muy común en nuestras sociedades “desarrolladas”, me pregunto si las actividades continuas en contacto con la naturaleza en lugar de estar siempre en un aula entre libros y lecciones tienen algo que ver con ello.

De cualquier forma, los verdaderos líderes de un huerto escolar no deben ser otros que los estudiantes, por esta razón se creó un Comité de Huerto para que los estudiantes asuman la responsabilidad desde el inicio del proyecto y aseguren la sostenibilidad del mismo. Los objetivos de un huerto escolar no sólo son promover hábitos de alimentación saludables para los estudiantes aprendiendo nutrición y cómo cultivar frutas y verduras, los objetivos son también capacitar a los estudiantes para que aprendan habilidades agrícolas y aumentar su conciencia sobre la necesidad de protección del medio ambiente y conservación del suelo. Gracias al huerto se mejorará la seguridad alimentaria en la escuela e incluso en la zona, ya que podrán vender el exceso de alimentos a los mercados locales aprendiendo al mismo tiempo habilidades empresariales y medios de subsistencia. Los beneficios obtenidos con estas ventas se invertirán en nuevos proyectos escolares. Se espera que todo este conocimiento adquirido sea transmitido a sus familias y eventualmente a toda la comunidad. De este modo, las escuelas y jardines comunitarios pueden ser un importante contribuyente a largo plazo en la salud local y la seguridad alimentaria, por no hablar de la conservación del medio ambiente.

Sin embargo, los huertos escolares y comunitarios de permacultura no sólo son beneficiosos para las comunidades más desfavorecidas y las zonas rurales en países en desarrollo. Promover hábitos saludables y fomentar una relación más estrecha con la naturaleza también es muy necesario en nuestro mundo moderno y desarrollado, donde los alimentos baratos, altos en calorías, y precocinados, combinados con estilos de vida urbanos, sedentarios y estresantes son los principales causantes de la creciente obesidad y el aumento de problemas de salud mental en todo el mundo. Sí, según un informe llamado ‘Jardín y Salud’ escrito por el think tank británico King’s Fund, la jardinería y el cultivo de nuestras propias frutas y verduras pueden curar la depresión, la soledad, la dependencia, la ansiedad y el estrés, e incluso en este mismo estudio se aconseja que la jardinería debería ser prescrita como terapia por el NHS – servicio nacional de salud británico – para combatir todo este tipo de enfermedades mentales. Los huertos de permacultura comunitarios y escolares promueven el espíritu de compartir y la diversidad, la autosuficiencia, estilos de vida sostenibles, combaten el aislamiento social y reconectan a las personas con la naturaleza. Más allá, el enfoque de la permacultura es aplicable a todo tipo de personas en cualquier lugar, desde un mirco-huerto de hierbas en la cocina de tu apartamento en una cuarta planta, a tu balcón, jardín, terrado, a las escuelas y hospitales, las granjas o las zonas salvajes.

Dicen que cada minuto dedicado a trabajar en tu propio huerto estamos un minuto más cerca de un mundo sostenible y pacífico. Así que sí, iniciemos una revolución, cultivemos un huerto!

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